Catalunya Religió habla sobre el inicio del III Congreso sobre Libertad Religiosa y de Conciencia

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«La libertad religiosa y de conciencia no es una cuestión secundaria, es un derecho fundamental»

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La libertad religiosa y de conciencia está en el punto de mira. Así lo atestiguan los titulares que, día tras día, han aparecido en las páginas de los diarios y en los informativos televisivos. Así lo recordó Míriam Díez Bosch, directora de la Cátedra de Libertad Religiosa y de Conciencia, directora del Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura y vicedecana de Investigación de Blanquerna, durante el acto inaugural del III Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa y de Conciencia, celebrado en Barcelona. «Cada día vemos la expansión de discursos hostiles contra algunas tradiciones o comunidades religiosas, amplificados por espacios políticos y trasladados a los parlamentos», advirtió, antes de remarcar que «hoy no hablamos de privilegios, hablamos de derechos. Incluso no creer es un derecho y debe ser garantizado».

Díez defendió que «creer no es una excentricidad» y subrayó que el congreso ha querido ir más allá del ámbito académico. «No estamos aquí únicamente en un acto esencialmente académico, trabajamos para la sociedad civil», afirmó, definiendo Blanquerna como «un espacio abierto al debate». En este marco, dedicó el congreso a Josep Rom, fallecido el pasado mes de noviembre: «Diseñó nuestro logotipo, pero sobre todo dibujó un camino de creatividad, sentido del humor y la convicción de que el encuentro entre personas y religiones es un elemento a promover».

La apertura institucional puso el acento en la dimensión cívica y democrática del debate y del derecho a creer y pensar libremente. El presidente de la Fundación Blanquerna, Josep Maria Carbonell, quiso iniciar su intervención destacando la figura de Díez, a quien definió como «la madre de este proyecto», y le agradeció «la tenacidad, el compromiso y la paciencia para hacer posible esta jornada». Carbonell afirmó con rotundidad que «la libertad religiosa y de conciencia no es una cuestión secundaria, es un derecho fundamental», y añadió que «es una necesidad vital para las personas y los pueblos».

«LAS RELIGIONES FORMAN PARTE DEL PATRIMONIO CULTURAL Y MORAL DE LAS PERSONAS»

En su intervención, señaló que «allí donde la libertad religiosa es respetada, la sociedad responde libremente; allí donde se oculta, la dignidad humana queda gravemente herida», y defendió que la libertad religiosa «no es el opio de los pueblos, sino su aliento». Según explicó, esta libertad «no aliena, sino que abre horizontes de sentido, de responsabilidad y de trascendencia», y también es «un derecho de los pueblos», ya que «las religiones forman parte del patrimonio cultural y moral de las personas». Carbonell concluyó que «no es un privilegio ni una amenaza, sino una condición de posibilidad de una sociedad plural y verdaderamente libre», y reivindicó el diálogo interreligioso en un mundo «marcado por la polarización y los conflictos identitarios»: «El diálogo no diluye las identidades, las madura».

El apoyo institucional se hizo visible también con la intervención, en vídeo, del consejero de Justicia y Calidad Democrática, Ramon Espadaler. El consejero alertó de que «no vivimos tiempos fáciles» y que «no es una época de cambios, sino un cambio de época profundo». En este contexto, afirmó que «la libertad de culto, la libertad religiosa y la libertad de conciencia están asediadas», y recordó que «dos terceras partes de los ciudadanos del mundo viven en lugares donde existen limitaciones a la libertad de culto».

«LA LIBERTAD DE CULTO, LA LIBERTAD RELIGIOSA Y LA LIBERTAD DE CONCIENCIA ESTÁN ASEDIADAS»

Espadaler valoró especialmente el planteamiento del congreso: «No es un congreso de estudio de la libertad de culto; ya en el título os comprometéis con la libertad de culto y la libertad de conciencia». También defendió que este derecho debe garantizarse en el espacio público, «no solo recluido en el ámbito privado», y destacó la diversidad religiosa de Cataluña, «con evidentes raíces cristianas, pero con una presencia creciente de otras confesiones». A pesar de ser un derecho reconocido, advirtió de que «no por ello está garantizado», y reafirmó el compromiso del Gobierno: «Desde la Dirección General de Asuntos Religiosos participaremos activamente».

Una mesa redonda, cuatro testimonios

La segunda parte del acto dio paso a una mesa redonda, moderada por Alba Sabaté, dedicada al diálogo interreligioso y al desarrollo humano, con voces procedentes de contextos muy diversos. El cardenal Cristóbal López, arzobispo de Rabat, habló desde la experiencia personal: «No soy académico ni experto, hablo desde lo que soy, un cristiano salesiano y sacerdote, y desde lo que he vivido en Cataluña, Paraguay, Bolivia, Sevilla y Marruecos». López describió la situación de la libertad religiosa en Marruecos como «un reóstato, y no como el sistema binario de un interruptor —encendido/apagado—», y recordó que el país «se ha adherido a la Declaración Universal de los Derechos Humanos» y que la Constitución de 2011 reconoce la libertad de conciencia, a pesar de las limitaciones políticas.

«EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO NO ES SOLO UNA HERRAMIENTA, ES UN CAMINO NECESARIO»

Citando el Corán —«no hay coacción en la religión»— y palabras del rey Mohamed VI —«somos los garantes del libre ejercicio de los cultos»—, explicó, mostrando una figura que representa a las tres religiones del Libro —las religiones abrahámicas—, que «en Marruecos existen comunidades judías desde hace más de 3.000 años, iglesias cristianas y espacios de culto». Ante la pregunta de si existe plena libertad religiosa, respondió: «Ya sí, pero todavía no». Para López, el diálogo interreligioso «no es solo una herramienta, es un camino necesario» que permite pasar «de la intolerancia a la fraternidad», y que exige «la fuerza de la identidad, el coraje de la alteridad y la sinceridad de las intenciones».

El profesor Fabio Petito, experto en religión y relaciones internacionales de la Universidad de Sussex, alertó de que «los informes indican un deterioro de la libertad religiosa y de conciencia en los últimos veinte años», vinculado «al aumento de los nacionalismos religiosos en todos los continentes». Según explicó, estos discursos «afirman que la nación pertenece únicamente a la religión mayoritaria» y generan «un aumento de la hostilidad social hacia diversas confesiones». Al mismo tiempo, subrayó que las religiones «están hoy vinculadas a una idea extraordinaria de solidaridad interreligiosa para trabajar por la paz y el desarrollo sostenible», y concluyó que «nadie debe quedar atrás».

«LOS INFORMES INDICAN UN DETERIORO DE LA LIBERTAD RELIGIOSA Y DE CONCIENCIA EN LOS ÚLTIMOS VEINTE AÑOS»

Desde la óptica del derecho, la profesora Zoila Combalía, de la Universidad de Zaragoza, analizó los cambios sociales acelerados. «Hemos pasado de fronteras muro a fronteras porosas», afirmó, y recordó que «en pocas décadas hemos pasado de la acogida a la necesidad de la inclusión». Combalía subrayó que «la igualdad no es uniformidad», porque «la uniformidad puede generar efectos discriminatorios», e identificó obstáculos como «la minimización del hecho religioso por la secularización, el laicismo combativo y los populismos religiosos». En este contexto, defendió que «la religión no es una amenaza, sino una oportunidad».

«LA RELIGIÓN NO ES UNA AMENAZA, SINO UNA OPORTUNIDAD»

La mirada hacia Europa del Este la aportó la periodista y analista ucraniana Tetiana Derkach. Explicó que, tras la independencia de 1991, Ucrania ha vivido profundas transformaciones políticas, culturales y religiosas, con la separación entre la Iglesia ortodoxa ucraniana y el patriarcado de Moscú. «Las iglesias no han entendido la libertad religiosa como un derecho universal, sino como el derecho a su propia libertad», denunció, advirtiendo de que esta visión ha favorecido «la instrumentalización de la religión» y ha dejado «zonas oscuras en el marco legal que debería proteger a todas las confesiones».

El III Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa y de Conciencia puso así sobre la mesa la fragilidad de un derecho fundamental, pero también la necesidad de defenderlo activamente desde el diálogo, el conocimiento y el compromiso. Un diálogo que, a través de diversos paneles y conferencias, se materializará en la posibilidad de pensar, razonar y compartir visiones durante tres días sobre este derecho que nos permite pensar y creer en aquello que cada cual desee.