El cine en la construcción de la identidad cultural europea

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«El cine en la construcción de la identidad cultural europea«. Este es el título de la mesa redonda organizada por el Observatorio Blanquerna de Comunicación, religión y cultura de este lunes 17 de noviembre y que ha reunido en numerosos expertos en Barcelona para debatir sobre el cine y su papel en la configuración de Europa. Una charla que se enmarca en el programa RISECI de la Unión Europea.

El filólogo y experto en cine, Josep Maria Sucarrats, ha declarado que «a los jóvenes no los interesa lo más mínimo el cine europeo» y ha anclado esta tesis en el momento de descentramiento que travesía Europa. Para Sucarrats, «Europa ha dejado de ser aquel centro cultural (político, económico, religioso, artístico) que daba en el mundo una percepción de la humanidad a la altura del deseo de infinito de todo ser humano». Europa es ahora un lugar de escepticismo, una península a la deriva, sin norte y con fecha de caducidad y los hombres se encuentran perdidos en una autonomía absurda. «Pero lejos de ser una condena, esta marginalidad que sitúa el europeo en el misterio del pecado, del dolor, de la injusticia, de la ignorancia y de la ausencia de Dios, es la ocasión para retomar la gran belleza perdida y añorada». Para Sucarrats, el cine es un espacio privilegiado en el cual plantear esta cuestión: «el cine no da soluciones pero sí radiografías de cómo está el hombre contemporáneo». Así que, «cuando uno va al cine, compra una respuesta al vacío existencial». El mejor ejemplo de este proceso detallado por Sucarrats lo encontramos en la película «La gran belleza» dirigida por Paolo Sorrenttino y galardonada como la mejor película del cine europeo del 2013. El director italiano muestra una Europa en el umbral de la desesperación a través de unos protagonistas que intentan llenar el vacío existencial en que viven. «El cine tiene que llenarnos de esperanza» a pesar de que «un cine espiritualista no es la solución para una Europa en la periferia». Según Sucarrats, el buen cine europeo tiene que ser capaz de entender la situación de periferia en que se encuentra el continente y enfrentarse en el dramatismo del hombre contemporáneo.

Juan Orellana, profesor de la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, ha afirmado que en el cine europeo contemporáneo conviven dos almas: la cual conserva de alguna manera una perspectiva nacida de la tradición greco-latina y judeo-cristiana, y la que ha dado por liquidada esta tradición y parte de presupuestos posmodernos nihilistas. A la primera galaxia hay los herederos del neorrealismo italiano, directores de gran preocupación social y con una antropología de fondo positivo como los Hermanos Dardenne, Aki Kaurismaki, Susanne Bier, Fernando León o Ken Loach. La otra vertiente tendría a su máximo representante Michael Haneke, un cineasta que quiere testimoniar el fin de una civilización, el final de una tradición sin que haya otra que la sustituya. Para Orellana, «el cine europeo, para no ser tragado por el americano, tiene que seguir siendo fiel a la vertiente humana: reflejar la soledad, la investigación, las exigencias últimas del hombre» porque «el cine puede iluminar a todos nuestros contemporáneos».

La profesora de comunicación audiovisual de la Universitat Ramon Llull, Magda Sellés, ha realizado una intervención sobre imagen y género y ha afirmado que «ningún medio es más idóneo que el cine para proponer un debate sobre la construcción y la diseminación de la identidad nacional». Las raíces europeas las podemos descubrir en la historia que han compartido los territorios que forman parte de la Unión, unas raíces que nacen de los valores del Evangelio y del deseo de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución francesa. En este sentido, «el cine y las películas son una representación de las ansias, los deseos y las preocupaciones de una sociedad». Y, por lo tanto, «ningún medio es más idóneo que el cine para plantear un debate sobre la construcción y difusión de la identidad nacional».

Peio Sánchez, director del departamento de cine del Arzobispado de Barcelona, ha reflexionado sobre la presencia de la cuestión espiritual en el cine europeo: «mientras que en el cine norteamericano, el espiritual-religioso, y concretamente cristiano, está presente de forma explícita en personajes, historias y temáticas, en el cine europeo se muestra solo de manera implícita».

En este sentido, el profesor de teoría e historia del Cine de CESAG de Palma de Mallorca, Iván Bort, ha afirmado que «el debate sobre la construcción de cualquier identidad necesariamente surge de que hay otro en frente del cual nos situamos». Bort lo ha ejemplificado con una reivindicación estética de la Nouvelle Vago de 1960, una corriente que quiso contestar y desmarcarse de todos los predecesores. En su opinión, «el cine europeo sustenta su identidad en contraposición al americano» así que su propuesta consiste a «asimilar el cine clàssc americà per construir nuestra propia identidad a partir de este».

En su intervención, la periodista y filóloga Ninfa Vatio ha destacado que «ética y estética van de la mano» y ha aludido a la responsabilidad de las películas en la construcción del pensamiento colectivo: «la visión del cine penetra en la conciencia colectiva sin necesidad de formularla. La identidad está presente en las películas y estas contribuyen a su construcción». En un repaso por las películas galardonadas por la academia europea desde 2009, Vatio distingue la imagen de «una vieja Europa que se desangra cargada de historia». Películas como «Amor» de Michael Haneke o «Melancolía» de Lars von Trier «ponen de manifiesto las grandes preguntas y la necesidad de un discurso espiritual en un sentido amplio, de valores. Estamos ante el vértigo del vacío existencial «.

Finalmente, el secretario general de SIGNIS, Ricardo Yáñez, ha presentado a esta organización no gubernamental con miembros en 140 países del mundo que como «asociación católica mundial para la comunicación», agrupa los profesionales de radio, televisión, cine, video, educación para los medios, internet y nuevas tecnologías. FIRMES participa en numerosos jurados de premios de cine. En el último año, fueron 40 certámenes, 30 de ellos a Europa.

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